15 DIC 2025

Tradiciones Navideñas

La Corona de Adviento

La Corona de Adviento (antigua costumbre germánica) es una corona de ramos verdes, sin flores, en la que se fijan cuatro velas vistosas (preferentemente moradas, color propio de este tiempo) cuyas luces se encienden progresivamente, durante los cuatro domingos hasta la solemnidad de Navidad; es memoria de las distintas etapas de la historia de la salvación antes de Cristo y símbolo de la luz profética que iba iluminando la noche de la espera, hasta el amanecer del Sol de justicia. A la vez, expresa la vigilante espera de la Iglesia que, con lámparas encendidas, aguarda la segunda y gloriosa venida de su Señor, cuando vuelva desde Oriente al final de los tiempos.

En casa, la corona se pone sobre una mesilla o algún otro lugar destacado. O a los pies de una imagen de la Virgen.

 

Este rito se acompaña de una oración, como la que indicamos a continuación; también se puede cantar un canto y la oración; o la oración, el padrenuestro y el avemaría.

Primer domingo

Encendemos, Señor, esta luz,

como aquel que enciende su lámpara

para salir, en la noche,

al encuentro del amigo que viene.

En esta primera semana del Adviento

queremos levantarnos

para esperarte preparados,

para recibirte con alegría.

Muchas sombras nos envuelven.

Muchos halagos nos adormecen.

Queremos estar despiertos y vigilantes

porque tú nos traes la luz más clara,

la paz más profunda

y la alegría más verdadera.

¡Ven, Señor Jesús! ¡Ven, Señor Jesús!

 

Segundo domingo

Los profetas mantenían encendida

la esperanza de Israel.

Nosotros, como un símbolo,

encendemos estas dos velas.

El viejo tronco está rebrotando,

florece el desierto.

La humanidad entera se estremece

porque Dios se ha sembrado

en nuestra carne.

Que cada uno de nosotros, Señor,

te abra su vida para que brotes,

para que florezcas, para que nazcas

y mantengas en nuestro corazón

encendida la esperanza.

¡Ven pronto, Señor! ¡Ven Salvador!

 

 

Tercer domingo

En las tinieblas se encendió una luz,

en el desierto clamó una voz.

Se anuncia la buena noticia:

El Señor va a llegar.

Preparad sus caminos,

porque ya se acerca.

Aclamad vuestra alma

como una novia se embellece

el día de su boda.

Ya llega el mensajero.

Juan Bautista no es la luz,

sino el que nos anuncia la luz.

Cuando encendamos estas tres velas

cada uno de nosotros quiere ser

antorcha tuya para que brilles,

llama para que calientes.

¡Ven, Señor, a salvarnos,

envuélvenos en tu luz,

caliéntanos en tu amor!

 

Cuarto domingo

Al encender estas cuatro velas,

en el último domingo,

pensamos en ella, la Virgen,

tu madre y nuestra madre,

nadie te esperó con más ansia,

con más ternura, con más amor.

Nadie te recibió con más alegría.

Te sembraste en ella

como el grano de trigo en el surco.

En sus brazos encontraste

la cuna más hermosa.

También nosotros

queremos prepararnos así:

en la fe, en el amor

y en el trabajo de cada día.

¡Ven pronto, Señor! ¡Ven a Salvarnos!

 

El árbol de Navidad

Se remonta en su origen histórico a San Bonifacio. Los pueblos paganos centroeuropeos rendían culto a sus dioses en los bosques. San Bonifacio, uno de los grandes evangelizadores de Europa en la edad media se dedicó a destruir estos mitos, presentando un árbol de hoja perenne, el abeto, igual que Cristo es el árbol siempre vivo.

 

Además, evoca tanto el árbol de la vida, plantado en el jardín de Edén, como el árbol de la cruz: Cristo es el verdadero árbol de la vida, nacido de nuestro linaje, de la tierra virgen Santa María, árbol siempre verde, fecundo en frutos.

 

Benedicto XVI decía del árbol en Navidad: “En las próximas semanas el árbol de Navidad será motivo de alegría para los romanos y para los numerosos peregrinos que vendrán de todo el mundo a la ciudad eterna con ocasión de la festividad del Nacimiento de Cristo. Desde la ventana de mi oficina, también yo podré contemplar con gozo siempre renovado el árbol colocado cerca del belén. También tendré la ocasión de ir hasta el lugar, rezar ante el Niño Jesús y alegrarme con la luz del árbol y su belleza. Su forma en punta, su color verde y las luces de sus ramas, son símbolos de vida. Además, nos remiten al misterio de la Nochebuena. Cristo, el Hijo de Dios, trae al mundo oscuro, frío y no redimido, al que viene a nacer, una nueva esperanza y un nuevo esplendor. Si el hombre se deja tocar e iluminar por el esplendor de la verdad vivía que es Cristo, experimentará una paz interior en su corazón y será constructor de pasa en una sociedad que tiene mucha nostalgia de reconciliación y redención”.

 

Rito de BENDICIÓN del ÁRBOL de Navidad

Todos los presentes, santiguándose, dicen:

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

El padre de familia dice:

Bendito sea Dios,

Padre de nuestro Señor Jesucristo,

que nos ha bendecido con toda clase de

bendiciones espirituales en los cielos,

en Cristo.

 

Todos responden:

Bendito sea el Señor por los siglos.

 

Lectura

 

Uno de los presentes lee el siguiente texto de la Sagrada Escritura. Escuchemos con atención la lectura del profeta Isaías:

 

“Vendrá a ti, Jerusalén, el orgullo del Líbano, con el ciprés y el abeto y el pino para adornar un lugar de mi santuario y ennoblecer mi estrado”.

 

Oración de Bendición

 

Luego el padre de familia, con las manos juntas dice la oración de bendición:

 

Oremos:

Bendito seas, Señor y Padre nuestro,

que nos concedes recordar con fe

en estos días de Navidad

los misterios del nacimiento del Señor Jesús.

Concédenos, a quienes hemos adornado este

árbol y lo hemos embellecido con luces,

con la ilusión de celebrar la Navidad,

que podamos vivir también a la luz

de los ejemplos de la vida plena de tu Hijo

y ser enriquecidos con las virtudes

que resplandecen en su santa infancia.

Gloria a Él por los siglos de los siglos.

Todos responden:

 Amen

 

Al final, todos los presentes, se santiguan,

diciendo:

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

  

  


Parroquia Santa Adela


C/ San Faustino nº 6


28022 - Madrid

 

 

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